Estar tensos es un mecanismo que hay que aprender a regular. La gran mayoría de las veces la tensión se genera no tanto por la carga verdadera que las responsabilidades representan y sí por cómo nos las tomamos. Este porceso suele acentuarse en las personas que recién comienzan un trabajo en un lugar nuevo: no conocen a nadie, no saben bien cuáles son sus responsabilidades ni cómo llevarlas a cabo, quieren integrarse, ser aceptados, pero desconocen la dinámica interna del grupo, y la lista sigue. Ante semejante panorama de inseguridad personal, surgen los temores, nervios, tensiones emocionales que se traducen en tensiones corporales con secuelas nada agradables. ¿Qué hacer?
Para empezar hay que saber que las circunstancias nunca son las ideales. Practicamente no existe una situación en la que uno pueda decir que todo está a la perfección. Y si, por algún milagro, llegara a darse una situación ideal, es muy poco probable que ese estado paradisíaco de las cosas se mantenga para siempre. Quiere decir que si nos empecinamos en poner nuestro foco de atención en las circunstancias estamos desperdiciando nuestro valioso tiempo y esfuerzo. Estos dos recursos es mucho más útil aplicarlos en aprender a administrar nuestras emociones, a mejorar nuestra capacidad de concentración, nuestra manera de relacionarnos con las demás personas, y en practicar más las técnicas que contribuyen al aumento de la vitalidad
martes 13 de enero de 2009
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